Metodos de tortura de la Policía Autonómica Vasca
En lo que respecta al trato que han sufrido los detenidos por la Ertzaintza (contamos con 26 relatos de malos tratos en el 2002), nos encontramos con que ha habido un salto tanto cuantitativo como cualitativo en el número de detenidos, incomunicados y torturados, así como en la brutalidad del trato del que han sido objeto. Hasta ahora, podíamos observar que el trato que los detenidos sufrían a manos de la Ertzaintza era un trato donde destacaba el mal trato psicológico, sin que hubiese apenas casos de malos tratos físicos, pero este año 2002, nos encontramos con que han combinado las torturas psicológicas y las físicas, incidiendo en el maltrato físico.
Entre los métodos de tortura que nos han relatado que han sido utilizados por la Ertzaintza, nos encontramos con que se han centrado en conseguir la extenuación física de los detenidos, mediante la obligación de permanecer en posturas anómalas durante los días que ha durado la incomunicación. Entre las posturas anómalas que nos han descrito, destacamos las siguientes: obligación de permanecer de pie con las piernas abiertas, las rodillas flexionadas y los brazos en cruz, o de pie con los brazos en cruz o levantados por encima de la cabeza, de pie con las piernas rectas y el torso doblado, de pie con los brazos detrás, el torso doblado, la cabeza agachada y las rodillas flexionadas, de pie con las rodillas flexionadas, brazos detrás, la cabeza agachada y el culo fuera, piernas abiertas y flexionadas, torso completamente agachado, con la cabeza entre las piernas, los ertzainas apoyándose sobre su espalda, y presionando con sus piernas los muslos del detenido. De rodillas, en cuclillas, a la pata coja. También nos han relatado que les obligaron a realizar flexiones. La obligación de permanecer en estas posturas se prolongaba en el tiempo tanto en los interrogatorios (que eran muchos, largos y constantes), como en el periodo que permanecían en el calabozo (los ertzainas se acercaban a los calabozos mirando por la mirilla y si no les encontraban en la posición obligada les amenazaban), y hasta que los detenidos no podían más y se caían al suelo a consecuencia del agotamiento, para volverles a obligar a ponerse en las mismas posturas, sin dejarles descansar en ningún momento, sin dejarles sentarse, ni tumbarse, ni dormir. También les obligaban a ir encorvados cada vez que les sacaban del calabozo para trasladarles a cualquier otra parte.
También nos han relatado que mientras permanecían en estas posturas anómalas en los interrogatorios, fueron objeto de todo tipo de vejaciones sexuales: desnudez, tocamientos generalizados por el cuerpo, tocamientos en los genitales, en el culo, incluso por debajo de la ropa, tocamientos que los realizaban con las manos o con diferentes objetos, y mientras tanto sufrían amenazas de ser violados. Llegaron a obligar a alguno a apoyarse en una mesa, mientras los ertzainas simulaban que le violaban. Uno de los detenidos llegó a bajarse los pantalones pensando "que por lo menos la botella es pequeña". Se produjeron también vejaciones haciendo movimientos obscenos contra ellos así como tirones de los testículos, amenazas de detención y de violación de sus familiares, madre y novia.
También los detenidos han relatado haber sido golpeados hasta perder el conocimiento. Algunos han relatado que sufrieron golpes generalizados, golpes en la cabeza con las manos, con un libro, contra la pared, puñetazos en el estómago y en la espalda, golpes en las costillas, puñetazos en la espalda, patadas en los tobillos, en los pies, en las rodillas, golpes con las manos huecas en los oídos, tirones de pelo hacia detrás y de las orejas hacia delante, les clavaban los dedos en diferentes partes del cuerpo mientras les decían que ese era un método de tortura muy utilizado por la Guardia Civil, método que no deja marcas. También nos han relatado que mientras permanecían en las diferentes posturas en los interrogatorios, los ertzainas golpeaban los armarios, las mesas, llegando incluso a tirar sillas contra la pared al lado de ellos. A consecuencia de los golpes y de las posturas anómalas en las que les han obligado a permanecer, muchos de los detenidos han tenido que ser trasladados al hospital, con diferentes lesiones; tendinitis bizipital, esguince de tobillo...
Las amenazas de las que han sido objeto han sido constantes; amenazas contra sí mismo y contra sus seres queridos, padres, hermanos, novia... Amenazas como "vas a salir con los pies por delante de aquí, te vamos a dejar en una cuneta con un tiro en la cabeza, déjame la pistola que le vamos a matar (mientras le colocaban algo en la cabeza como si de una pistola se tratase); amenazas con las novias "vamos a traer a tu madre y a tu novia y les vamos a violar con una porra", e incluso han llegado a chantajear a los detenidos enseñándoles las órdenes de detención de sus compañeras sentimentales. También les han amenazado llegando a colocarles una pistola en la cabeza.
También nos han relatado que han sufrido impedimento de visión, bien obligándoles a permanecer contra la pared en todo momento, con la cabeza agachada, los ojos cerrados, o mediante la colocación de toallas o trapos en la cabeza cada vez que eran trasladados de un sitio a otro.
Los insultos y las humillaciones eran constantes: asesino de ertzainas, cabrón, hijo de puta, "de madre puta, hijo de puta", subnormal...
Los detenidos han sufrido todo tipo de agresiones sonoras como gritos al oído, golpes en los oídos... La música permanecía puesta a tope constantemente, sobre todo cada vez que empezaban los interrogatorios. También han sufrido agresiones de luz. La luz del calabozo estaba permanentemente encendida, en ocasiones durante los interrogatorios apagaban todas las luces y hacían ruidos, golpeaban los armarios, las paredes... Cambios de temperatura: en los interrogatorios hacía calor, sudaban y en los calabozos hacía frío y no les dejaban coger las mantas.
Les daban algo para beber que no era agua, y en algunos casos les producía una especie de mareo, llegando más de uno a sufrir alucinaciones: ver humo que salía de las paredes, imágenes que salían de las paredes como ventanas...
También nos han relatado que en dependencias policiales oían los gritos y llantos de otros detenidos, llegando incluso también a oír las voces, los gritos y llantos de familiares que no estaban en dependencias policiales.
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